El Más Allá o la metáfora platónica del imaginario fantástico de Alicia

Alice in Wonderland o Alicia en el País de las Maravillas es el titulo original del cuento creado por Charles Lewis Dogson, conocido por su afamado seudónimo como Lewis Carroll (Daresbury, 1832- Guilford, 1898).

El siguiente artículo tiene su razón de ser en dos aspectos: en la coincidente superproducción burtoniana de Alicia en las pantallas cinematográficas y los derroteros que toma actualmente mi trabajo de investigación doctoral.

No es casual que una narración tan brillante como la basada en la pequeña Alice Liddell haya gozado de semejante reconocimiento y repercusión a lo largo de más de un siglo. Y es que es bien sabido que en esta historia laten ricas y variadas lecturas cualquiera que sea el ángulo desde el que se ofrezca a ser examinada. Desde una perspectiva racionalmente adulta, brillan escondidas tras la sombra de lo infantil exquisitas metáforas y juegos lingüísticos que disfrazan irónicas críticas a las estrictas normas de la sociedad victoriana, contexto en el cual fue creada esta singular obra. Sin embargo, aunque el papel de una niña como protagonista de la historia no supuso algo novedoso, sí lo era su carácter pasivo en tanto que espectadora, rol que Burton invierte esta vez en favor de un afán heroico al enfrentarse Alicia a un monstruo digital que, a la usanza de los míticos cuentos de hadas, encarna sus más temibles miedos en un símil de su encuentro con la madurez sexual.

Se vislumbra asimismo desde un enfoque psicoanalítico que ya B. Bettelheim se encargó de investigar[1], el conflicto de los instintos primarios con el freudiano “superyo” como proceso biológico y psíquico al cual  han de enfrentarse niños y niñas para dar paso a la madurez, y, cuyo reverso social vendría a ser la represión de los instintos primarios en favor de la restauración del orden social. Perspectiva ésta que parece contemplarse en la superproducción de Burton.

Alicia ha sido objeto de diversas reinterpretaciones tanto en cine como en literatura y, en general, en las artes visuales. Una de las más destacadas por su proximidad con lo siniestro la encontramos producida por el director surrealista checo Jan Svankmajer (Praga, 1934) titulada “Down to the Cellar”. Svankmajer bebe de autores como E. A. Poe o Charles Lewis Dogson. Su técnica se caracteriza por la filmación de muñecos mediante stop-motion, técnica de animación tradicional que aparenta el movimiento de objetos estáticos por medio de una serie de imágenes fijas sucesivas. La versión de Svankmajer se apropia de ese mundo fantástico que está Más Allá del reverso racional, exaltando su carácter ambivalente e inscribiéndolo en un terreno propiamente siniestro.

Merece mencionarse que la incertidumbre que se padece cuando una escena o hecho no permite diferenciar claramente los límites entre fantasía y realidad es el factor idóneo por el cual se produce el citado efecto. Es decir, el limbo entre la realidad física y la psíquica, la incertidumbre irresoluble de determinar qué es real y qué proviene de la mente y no ser posible escapar a esa ambigüedad dado que el propio sujeto es el demiurgo de su siniestro delirio. A este respecto, la Alicia de Burton se dice a sí misma: “Quiero despertar, esto es sólo producto de mi pesadilla, sólo tengo que pellizcarme”.

Subrayamos tras esta reflexión que esa incertidumbre fantástica caracteriza los mundos fronterizos con lo real como “El País de las Maravillas”, donde lo fantástico mantiene ese halo de amenaza que equilibra las pulsiones que provocan simultáneamente fascinación y temor, a la vez que se produce la ambivalencia entre su extrañeza y familiaridad, pues, como sucede en la nueva versión de Alicia, había algo en aquella extraña fantasía que se le hacía familiar, pero esa hostilidad emanaba de su olvido, pues había sido reprimida en beneficio de su alter ego.

La metáfora platónica de la caverna simboliza la experiencia siniestra que se produce en los espacios fantásticos que sugieren un “Más allá”, dado que se caracterizan por la inquietud de lo que se oculta, sumado a la falta de certeza en la propia visión del Yo. [Sobre esta noción de incertidumbre que separa lo fantástico de lo maravilloso relacionándolo con lo siniestro podemos consultar el estudio de T. Todorov[1] y el de R. Caillois[2]]. De este hecho podríamos concluir que el abismo por el que cae Alicia es otra metáfora de la caverna, pues no se trata de un abismo físico, sino psíquico, como aquél en torno al cual parecían girar misteriosamente los magníficos relatos de Poe, de E. T. A. Hoffmann o de Guy de Maupassant.

Un claro ejemplo cinematográfico, emparentado con este concepto y hermano pequeño de Alicia lo podemos ver en Matrix (Hnos. Wachowsky, 1999). Como ya señalara Angel Quintana, “lo interesante de Matrix reside en cómo ése universo paralelo ha suplantado a lo real hasta convertirlo en un desierto; es un reflejo de las maravillas de un ciberespacio en el que la noción de verdad se ha diluido. Neo, como encarnación de la Alicia contemporánea, siente miedo y atracción hacia Matrix”.

Profeta de este concepto íntimamente relacionado con el de simulacro o copia que suplanta la realidad, es Jean Baudrillard (Francia 1929-2007), uno de los pensadores más destacados de la filosofía posmoderna, que ya reflexionó en sus ensayos sobre los designios de la sociedad en la era cibernética. Según Baudrillard, la Guerra del Golfo no había existido, “para la gran mayoría había sido sólo un espectáculo televisivo , no había sido real, y EEUU, con sus seguros bombardeos aéreos, había participado en ella como los jugadores de videojuegos1


[1] http://www.elmundo.es/elmundo/2007/03/06/obituarios/1173209927.html

 Hal Foster (Seattle, 1955) comienza su ensayo titulado “Belleza Compulsiva” (Compulsive Beauty), con un hecho que sucedió en el año 1916 cuando André Breton (que trabajaba como auxiliar en una clínica neuropsiquiátrica en Saint Dixier) atendió a un soldado que creía que la guerra era un simulacro, con heridos maquillados y cadáveres prestados. El joven Breton vio en él a un sujeto tan traumatizado que había cruzado a otra realidad, -así como vemos a Alicia atravesar el espejo- y que era, de alguna manera, también una crítica de ésta[1]

[1] Foster, H., Belleza Compulsiva, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Ed., 2008. p. 9

[1] Todorov, T., Introducción a la literatura fantástica, Barcelona, Buenos Aires, 1982

[2] Caillois, R., Cohérences aventureuses, París, Callimard, 1962

 [3] Bettelheim, B. “El psicoanálisis de los cuentos de hadas”.

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2 Responses to “El Más Allá o la metáfora platónica del imaginario fantástico de Alicia”


  1. 1 txitxo mayo 26, 2010 en 12:26 pm

    Magnifico Andrea, muy buen trabajo.


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