Edgar Allan Poe y la monstruosidad interior

 En opinión de Lovecraft, E. A. Poe estudió la mente más que los usos de la ficción gótica, pues comprendió la base psicológica de la fascinación por el horror

Los narradores personajes de Poe están sujetos a todo tipo de trastornos psicológicos, a una melancolía o angustia que enturbia su percepción,  de manera que siempre quedan fisuras por las que el lector puede poner en duda la veracidad de tales sucesos. En su clásico estudio Introducción a la literatura fantástica, Tzvetan Todorov ponía a Poe como ejemplo de lo que él consideraba fantástico: La vacilación experimentada por un ser que no conoce más leyes que las naturales frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural. (Todorov, Introducción a la literatura fantástica)  

La narración en primera persona es una herramienta privilegiada para generar este tipo de textos ambiguos, ya que el lector está siempre condicionado por la visión subjetiva de los acontecimientos que tiene el narrador. Los de Poe son hombres que han enfermado por una excesiva exposición a los horrores de la mente y el pasado, en definitiva por su exposición a la vida: Desterrados por un mundo ideal que nunca existió, se debaten entre una ansiada vida consciente y una destructiva atracción por el abismo de lo inconsciente. (Las sombras del horror, E. A. Poe en el cine. p. 130)

Poe se anticipa a la desequilibrada mezcla de realidad y ficción que han cultivado tantos autores modernos mediante la novedosa y fundamental omnipresencia de la descripción de Mal como una característica que, a diferencia de la tradición gótica que precede a Poe, no proviene de factores externos al hombre, de amenazas sobrenaturales y fantásticas, sino, al contrario, de su propio interior. (Ibid. p. 188)

Las formas monstruosas hacen referencia a todo aquello que  no puede ser vivido por nosotros más que como aquello que nos niega: la negación (represión) que llevamos en nosotros mismos y que, quizás, nos conforma (Lascault, G., Le monstre dans l´art occidental, París, Klincksieck, 1973, pp. 13-14). Citado por J. G. Cortés en Orden y Caos: Un estudio cultural sobre lo monstruoso en el arte, P. 21.

 Además de  los famosos cuentos poéticos  de Poe, destaca, entre otros, el poema El cuervo , que narra la misteriosa visita de un cuervo parlante a la casa de un amante afligido y el lento descenso hacia la locura de el mismo. En la imagen una escena de su representación escénica de la compañía Teatro Corsario en la sala Ambigu de Valladolid, el pasado año.

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